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BOLETIN: INVIERNO NUMERO DE 2005Estudiantes Arrestados Dando Ayuda Humanitaria A Migrantes De ArizonaPOR: KATIE SHARAR Y MARY FONTANA (Todas las citas de enseñanzas católicas son de Extraños Nunca Más) “Nos juzgamos como una comunidad de fe por la manera en que tratamos a los más vulnerables entre nosotros.” Así está escrito en la carta pastoral Extraños Nunca Más: Juntos en el Camino de la Esperanza (2002) de la Conferencia de los Estados Unidos y México. Su mensaje debe ser oído este diciembre cuando dos personas que ofrecían ayuda humanitaria a un grupo de inmigrantes indocumentados—algunos de los más vulnerables de los Estados Unidos—estén a punto de ser juzgados también. El 9 de julio de este año, dos estudiantes universitarios pararon su troca en el desierto del sur de Arizona, cerca de Tucson para ayudar a un grupo de inmigrantes indocumentados que encontraron caminando por la carretera. La familia mejicana había cruzado ilegalmente el desierto de Sonora. Se hallaban muy deshidratados y sus pies estaban llenos de ampollas. Algunos de los inmigrantes sufrían de diarrea y estaban vomitando. Los estudiantes, Daniel Strauss y Shanti Sellz, llamaron a doctores en Tucson por teléfono por satélite para describir la situación médica de los inmigrantes. Las instrucciones de estos doctores eran las de evacuar a tres miembros del grupo y llevarlos a una iglesia de Tucson. Un doctor se encontraría con ellos allá para proveerlos de tratamiento médico de emergencia. Después de llamar a los médicos, también se pusieron en contacto con un abogado de Tucson para informarse del protocolo acerca del transporte de emigrantes. Después se marcharon en la troca. El grupo nunca llegó a su destino. En ruta a Tucson fueron interceptados por los agentes de Patrulla Fronteriza. Confiscaron la troca, se llevaron a los indocumentados en custodia y arrestaron a Daniel y Shanti. Los dos, de 23 años, fueron juzgados, uno de delito por transportar a un ilegal y el otro de conspiración por llevarlo. Si son condenados, serán sentenciados de cinco a quince años de cárcel. Daniel y Shanti nunca esperaron llegar a ser el foco de la batalla de la sala de los tribunales sobre la legalidad de la ayuda humanitaria cuando vinieron a Arizona para pasar el verano de voluntarios con la organización de nivel local No Más Muertes. Desde que se fundó hace dos años, los voluntarios de No más Muertes han creado campamentos en el desierto que proveen de comida, agua y ayuda básica de emergencia a los emigrantes indocumentados en el sur del desierto de Tucson. Educan al público sobre las muertes de los emigrantes en el desierto y sobre la política de los Estados Unidos que diverge el flujo de inmigrantes fuera de las ciudades y dentro de peligrosos corredores del desierto. Los voluntarios también abastecen los tanques de agua que se encuentran en los corredores del desierto con más tráfico. Estos tanques tienen una bandera azul marcada con la Estrella del Norte y una calabaza con agua potable, evocando paralelismos con el Ferrocarril Subterráneo. El campamento principal de “No más Muertes” consiste en un trailer y una tienda de campaña localizadas en las afueras de Arivaca, Arizona. Es un pequeño recinto con un gran nombre; le llaman “Arca de la Alianza” por la tienda de campaña bíblica donde los israelitas guardaban los Diez Mandamientos durante sus cuarenta años en el desierto. La bandera azul ondea sobre el campamento y está bajo la constante vigilancia de la Patrulla Fronteriza. Una docena de personas toman este lugar como voluntarios durante el verano. Proceden de todos los caminos de la vida. Muchos son estudiantes de universidad y recién graduados; otros están retirados. Creencias religiosas y humanitarias son lo que les motiva. Cada día, comenzando temprano en la mañana, los voluntarios viajan a través del desierto por coche o a pie buscando a emigrantes con problemas. Llevan botellas de agua y barritas energéticas para repartirlas entre aquellos que encuentran. No los reportan a la Patrulla Fronteriza, a no ser que un emigrante lo pida. Daniel y Shanti eran voluntarios en el Arco de la Alianza de Arivaca cuando fueron arrestados por llevar a tres indocumentados a ver al doctor. Su arresto y procedimientos legales han galvanizado a muchos miembros de la comunidad de Tucson a protestar esta criminalización de la ayuda humanitaria. Desde el arresto, No Más Muertes ha organizado conferencias semanales con la prensa con la participación de varios “grupos interesados.” Las comunidades legal, médica, religiosa, artística y literaria han sido todo apoyo, y las conferencias de prensa rutinariamente atraen a 100-200 personas. No todos los que las secundan son pro-inmigración, pero se unen para defender los derechos humanos. Gary Wolfe, un empresario retirado que vive en Tucson, explica: “No me encanta la idea de que los emigrantes utilicen dinero de los impuestos, pero no voy a dejar que muera nadie.” Una campaña de cartas protesta está siendo también llevada a cabo; el objetivo es mandar 10,000 firmas a Paul K. Charlton, el abogado cuyo distrito incluye el estado de Arizona, urgiéndolo para que quite los cargos. La campaña, que está siendo emprendida bajo el lema “La Ayuda Humanitaria No es Nunca un Crimen”, continuará hasta que Daniel y Shanti vayan a juicio el 20 de diciembre. Ciertamente no todos los habitantes del sur de Arizona apoyan el trabajo de “No más Muertes.” A la Patrulla Fronteriza le preocupa que el trabajo del grupo incremente la inmigración ilegal. Según ellos, los contrabandistas de personas, comúnmente llamados coyotes, les están diciendo a los que cruzan el desierto que no se preocupen de la supervivencia porque los americanos llenan el camino de agua y víveres. Esto da a los emigrantes una sensación de seguridad falsa y peligrosa. Algunos residentes de las ciudades que se encuentran en las zonas de paso están enfurecidos por los destrozos hacia la propiedad y la falta de privacidad que dicen se debe al alto tráfico de inmigrantes. Uno de los residentes de Arivaca sugirió en una reunión reciente de los habitantes que la Patrulla Fronteriza debería “usar francotiradores para matar a los coyotes y después clavar sus cuerpos en estacas para ahuyentar a los emigrantes.” Tales actitudes se enfrentan con la enseñanza católica sobre inmigración que “urge a las comunidades a ofrecer hospitalidad a las familias emigrantes, no hostilidad, a lo largo de su viaje.” También la Patrulla Fronteriza dedica recursos a encontrar y ayudar emigrantes en el desierto. El Equipo de Búsqueda, Trauma y Rescate de la Patrulla Fronteriza (BORSTAR) tiene 70 agentes que están entrenados como paramédicos y técnicos de emergencia médica; frecuentemente ofrecen comida, agua y ayuda de primeros auxilios a los emigrantes en problemas. Sin embargo, su prioridad es el refuerzo de las leyes de inmigración. La Conferencia Católica de Obispos reconoce los esfuerzos de la Patrulla Fronteriza en el rescate de emigrantes Pero también reconoce la importancia de la ayuda humanitaria a nivel local: “La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos ha lanzado recientemente una campaña de seguridad de la frontera para prevenir las muertes de los emigrantes. Les pedimos que redoblaran sus esfuerzos trabajando en el área y que trabajaran más de cerca con los grupos de la comunidad para identificar y rescatar emigrantes en problemas.” Identificar y recatar emigrantes es expresamente misión de No Más Muertes. Sus miembros insisten en que sus acciones son legales y que además la Patrulla Fronteriza conocía las actividades del grupo mucho antes del arresto de Daniel y Shanti. Sin embargo, ellos lo niegan y mantienen que No más Muertes había sido ya avisada antes del arresto de que no transportara gente. Rob Daniels, el portavoz de la Patrulla fronteriza en Tucson, indicó: “Está en contra de la ley el transportar personas ilegales y más si se les ayuda a continuar su entrada en los Estados Unidos.” William Walker, el abogado que representa a Daniel y Shanti, dice que la Patrulla Fronteriza “no ha hecho sus tareas” para este caso en términos de precedentes legales; que es de hecho legal transportar personas indocumentadas en caso de necesidad médica. Los representativos de la Patrulla Fronteriza alegan que no existía esta necesidad Aseguran que los inmigrantes de la troca no estaban enfermos; sólo necesitaban descansar y beber agua, y que rechazaron asistencia médica cuando estaban bajo custodia. El Sr. Walter está preparado a demostrar en el juicio que esto no es cierto. Uno de los inmigrantes, Emil Hidalgo Solís, testificará que había estado devolviendo durante tres días antes de que Daniel y Shanti lo encontraran, que sufría de diarrea con sangre y que necesitaba un doctor. Daniel y Shanti se muestran inexorables a la hora de insistir que sus acciones del 9 de julio no constituían un crimen. Cuatro días después de su arresto, la Patrulla Fronteriza les ofreció una oferta de alegato. En vez de ser juzgados por sus crímenes, el alegato les pondría en prueba por un año. Después de ese año, si se mantenían fuera de problemas, los cargos se cancelarían. Pero este proceso requería que los dos voluntarios testificaran que “tenían motivos ulteriores, que querían que (los inmigrantes indocumentados) se quedaran en este país,” dice Jeffrey Rogers, su segundo abogado. A causa de esta estipulación, Daniel y Shanti rechazaron la oferta. No aceptarían haber cometido crimen alguno. Los voluntarios se van a juicio el 20 de diciembre por su tratamiento hacia los más vulnerables entre nosotros. Una vez más, los obispos católicos hablan de la crisis de moral en nuestro país: “Compartimos la preocupación de los proveedores de servicios sociales y religiosos quienes, sin violar la ley civil, intentan responder al emigrante que llama a nuestra puerta.” “Shanti y Daniel van a juicio pero es el principio lo que está en tela de juicio,” comenta Margo Cowan, abogado y cofundador de No Más Muertes. Este arresto ha sido una acusación a la hospitalidad, un desafío a la ley de hospitalidad que es más grande que cualquier estatuto federal. Es nuestra humanidad colectiva como país la que se sostiene en el juicio del 20 de diciembre. Si hacemos que ofrecer hospitalidad a cualquier emigrante que toque a nuestra puerta sea una violación de nuestras leyes, podremos hacer que nuestra economía vaya cuesta arriba por cierto tiempo. Podríamos ver menos personas indocumentadas cruzar a salvo el desierto de Sonora hasta llegar a los Estados Unidos. ¿Pero qué habremos hecho a la humanidad? ¿Y que esperanza existe en los Estados Unidos sin esa humanidad? |
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