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BOLETIN: INVIERNO NUMERO DE 2005BIENVENIDO AL EXTRANJERO, BIENVENIDO A LA LUZ POR: RUBEN GARCIA Hablando del horror al entrar a los EE.UU. por el desierto de Arizona, un inmigrante contestó a la pregunta, “¿Qué fue lo más difícil de la experiencia para ti?.” Su respuesta fue rápida y muy clara, “¡El no rendirme!” Más temprano este año, llegó un joven de 15 años de Honduras solo a una de nuestras casas. Había hecho el viaje principalmente subiéndose a trenes de carga Mexicanos a los que lo inmigrantes se refieren como la bestia por el numero de vidas que estos trenes se llevan. La experiencia a través de México fue traumática. Hubo días cuando tenía poco o nada de comer. Arriesgaba su vida cada vez que se subía o se bajaba del tren y, en varias ocasiones, fue tirado por el tren. En un punto del viaje el frío lo desorientó tanto que se quedó en un tren equivocado que lo desvió por mas de 500 millas. Oía a inmigrantes que se caían del tren, y a criminales que hacen presa de los inmigrantes y, continuamente, se tenia que esconder de la infame migra Mexicana que exige dinero por amenazas y se sabe que han golpeado a los inmigrantes. Su peor pesadilla fue el que se caía del tren en el desierto y se quedaba en medio del desierto donde Cristo dio las tres voces. Meses después de llegar a El Paso, la pesadilla todavía lo visita – es noche, está solo en el desierto y el tren lo deja – aterrorizado, despierta llorando. Pero llegó a los EE.UU. Sobrevivió. Centenares de inmigrantes no tuvieron la buena fortuna. Este verano pasado, algunos 400 inmigrantes murieron a través de la frontera de los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas. Algunos se ahogaron en el Río Bravo y otros fueron atropellados en las carreteras que corren cerca de la frontera. Pero la mayoría murieron de insolación en los desiertos. Personas que trabajan con los inmigrantes para ver de sus derechos humanos nos relatan que cuando una persona entra en las etapas finales de la insolación, se desorientan, se rompen la ropa, y se mueven locamente en el desierto. Lo que devasta a todos es cuando se encuentran ropa chica; entonces hay silencio. Esta ropa era de un niño. Actualmente se habla, se escribe, se reporta, y se trasmite por televisión mucho sobre los inmigrantes – la mayoría de ello con mas frecuencia negativo y crítico. Lo que más desconcierta es el éxito de toda esta polémica cuando se hace la conexión en las mentes de todos de las palabras inmigrante, seguridad, y terrorista. No hay ningún político que, cuando habla de los inmigrantes, no hace la observación de la seguridad nacional. La cacofonía de voces que llaman por un mayor control de la frontera e imposición a la fuerza de las leyes existentes puede ser ensordecedora. El Congreso ha destinado muchos más dólares para que haya más agentes de la Patrulla Fronteriza, para integrar las últimas tecnologías, edificar mas facilidades de detención y ampliar la autoridad del agente individual para deportar a los inmigrantes mas rápidamente. Hay una solución para la cuestión del inmigrante – la legalización. Las personas entran a los EE. UU. ilegalmente porque los medios para entrar legalmente son tan restrictivos e insuperables para la mayoría de los inmigrantes. La economía de los EE.UU. crea miles de empleos de bajo salario que estos indocumentados toman después de pasar por el desafío que se conoce como el trayecto al Norte. Si el inmigrante sobrevive, él o ella toma uno de estos trabajos que no pagan bien. Así está diseñado este sistema y la voluntad política para dar fin a este ciclo insoportable para los que sobreviven este desafio fronterizo no existe. Y no solo no existe la necesaria voluntad política, pero la alternativa ha sido mas y mas el aplicar fuerza – fuerza armada – contra los inmigrantes y de esta manera, crear, en efecto, un ambiente de guerra de baja intensidad con el correspondiente uso de tecnología militar y los heridos resultantes. Políticamente, uno puede argumentar que se debe cerrar la frontera si consideramos que no hay ninguna conexión o relación entre los habitantes de los EE.UU. y los de la América Latina. Pero ese no es el caso. Hace tiempo que un joven que venía solo de Honduras llegó a una de nuestras casas. Era de un área rural de Honduras y la miserable pobreza de su familia hizo que su mamá le dijera, “Ya no puedo darte de comer. Ve y busca trabajo en otro lugar para que tengas algo de comer.” A la edad de catorce años, dejó a su familia y se mudó a San Pedro Sula, la cuidad más grande de Honduras y su centro industrial. Allí encontró trabajo en una maquiladora trabajando en una línea de montaje en donde manufacturaban pantalones de mezclilla para exportación a tiendas de descuento en los EE.UU. Ganaba un poco más de $20 dólares por una semana de seis días de trabajo – mucho menos de lo que ganan los trabajadores en las maquilas en Ciudad Juárez. Rentó un cuarto sin muebles en un edificio viejo junto con otro trabajador de la maquila. Con el salario de $20 por semana, casi no podía soportarse mucho menos ayudar a su familia. Se decidió tomar el reto y arresgarse al desafío de irse hacia el Norte para llegar a los EE.UU. ¿Por qué es tan aceptable que un joven de 15 años trabaje seis días por semana ganando $20 haciendo pantalones para que la gente en los EE.UU. pueda comprarlos en K-Mart, Wal Mart, Target, etc. por tan sólo $12? Y cuando este joven de 15 años llega a realizar que no puede sobrevivir con un salario tan bajo, que ya no puede soportar el dolor de ver a su family luchar en tan gran pobreza, se va a los EE.UU., ¿qué exactamente es lo que hace a el joven de 15 años ser una amenaza o peligro a nuestra seguridad? ¿No es el mayor terror el que la economía de los EE.UU. pierde lo que produce este trabajador? Hace poco, recibimos una carta de un donador. Nos contestaba una carta que le habíamos mandado para darle las gracias por su donativo. El escritor nos escribió para decirnos que ya no podía apoyar el trabajo de la Casa Anunciación “mientras se involucra en acción política.” Luego nos reprendió diciéndonos que “nos dedicáramos a nuestra visión básica.” Muchos quisieran hacernos creer que los pobres del mundo son pobres en un vacío -- que la pobreza del pobre y las razones por las cuales son pobres es de alguna manera un accidente de la naturaleza. A nosotros nos gusta creer que lo único que se nos pide o se nos requiere es la compasión humana y la caridad que resulta de esa compasión. Nos consolamos - o, quizá sería que nos disculpamos – creyendo que ya que tenemos un control tan limitado sobre las fuerzas de la naturaleza, no tomamos responsibilidad por la realidad opresiva y el sufrimiento horrífico en el cual tantos de los pobres de este mundo aumentan su existencia. Porque tantos de los huéspedes que han pasado por nuestras casas vienen de México y Centro América, sentimos que sabemos algo de las luchas de estas gentes para simplemente subsistir. La pobreza que sufren no es un accidente. Su pobreza nace de la inhabilidad de afectar, impactar y cambiar las estructuras globales que dividen los recursos mundiales en maneras pecaminosamente desproporcionadas. Un sistema que le paga a un individuo $20 por una semana de seis días de trabajo para que haga pantalones de $12 disponsibles a familias con un sueldo medio anual de $30,000 es pecaminoso e injusto. El ambiente en los EE.UU está cambiando de tal manera que, hablando claro, el actuar por el pobre en migración es atacado y ciminalizado con más frecuencia. Y estos ataques han tenido el efecto que se intentaba. La quinta esencia de esta situación se demostró cuando, el 9 de Julio, dos estudiantes de un colegio en Colorado Springs daban asistencia humanitaria a tres inmigrantes que trataban de navegar el desierto de Arizona durante los meses ardientes del verano. Después de consultar a un profesional médico y a un abogado, el profesional médico pidió que estos tres inmigrantes, con ampollas en las plantas de los pies, que vomitaban, y uno con diarrhea sangrienta, se llevaran a donde pudieran recibir atención médica. Por hacer esto, los estudiantes fueron arrestados, acusados, y dos semanas después de la Navidad, se va a ver su causa . Las palabras “dedíquense a su misión básica” nos suena en la cabeza, y “No se involucren en lo político.” En otras palabras, quédense callados. No actúen de tal manera que sus acciones sean una declaración. “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba frente a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra estaba en el principio frente a Dios. Todo se hizo por Ella y sin Ella no existe nada de lo que se ha hecho. En Ella había vida y la vida es la luz de la humanidad. La luz brilla en medio de las tinieblas pero las tinieblas no pueden hacer presa de la luz.” San Juan nos dice que desde el principio, el Dios de la creación era un Dios que no sólo no se quedaba silencio, pero uno que hablaba categóricamente. Y la Palabra que viene de Dios no es sólo la clase de palabra que se lee en una página, pero una Palabra que es acción en sí y por sí misma; y esa Palabra debe ser “la luz de la humanidad.” La Palabra de Dios es una Palabra que viene al mundo para específicamente y concretamente desafiar la oscuridad del mundo. No hay absolutamente nada más político que el iluminar la oscuridad del sufrimiento humano. En cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia donde la oscuridad de la injusticia se encuentra y se perpetua, allí es exactamente en donde la Palabra de Dios busca que su luz brille. El Arzobispo Oscar Romero, el mártir de El Salvador, también nos da una amonestación: “No podemos segregar la palabra de Dios de la realidad histórica en donde se proclama. Esa no sería la palabra de Dios. La Biblia sería sólo un libro piadoso de historia en nuestra biblioteca. Es la palabra de Dios porque ilumina, contrasta, rechaza, y alaba lo que está pasando hoy día en la sociedad. No sólo el purgatoria pero el infierno les espera a aquellos que hubieran podido hacer el bien y no lo hicieron. Es lo opuesto de la bienaventuranza que la Biblia tiene para aquellos que se han salvado, para los santos, que hubieran haber hecho el mal y no lo hicieron. De los que se han condenado se va a decir: ‘Pudieran haber hecho el bien y no lo hicieron.’ ” Y en este tiempo cuando los cuerpos de tantos pobres en migración se encuentran a través de la frontera; cuando millones de inmigrantes indocumentados se encuentran en empleos del más bajo salario son empujados más y más para ser ocultados; cuando es perfectamente aceptable tomar los frutos del sudor de los pobres que ganan salario de subsistencia y luego esos trabajadores son repudiados y denigrados; cuando millares de humanos se explotan, se abusan, y se trafican porque no tienen estado legal; y cuando individuos son arrestados y perseguidos porque buscan atención médica para personas cuya salud está en peligro; entonces, por cierto, es tiempo de brillar la luz de la Palabra de Dios en toda esta oscuridad. Este es el tiempo cuando el testimonio, y el poder, y la luz de la hospitalidad debe resplandecer brillantemente en la oscuridad donde los indocumentados se han metido a fuerza. Cuando los principios gubernamentales construyen mós cercas y muros para que no se les permita pasar a los pobres, la hospitalidad debe abrir las puertas de la bienvenidad. Cuando tantos son rodeados como ganado y detenidos en barracas que los indocumentados llaman el corralón, la hospitalidad debe reconocer la dignidad de la persona humana. Cuando leyes arrestan a individuos quienes pueden servir al inmigrante, la hospitalidad debe inspirar en mayor número a los que libremente aceptan el riesgo de ser arrestados permaneciendo fieles al trabajo de dar la bienvenida al extranjero en medio de nosotros. A través de esta nación, de frontera a frontera, las iglesias, las comunidades de fe, y las congregaciones religiosas se van a ver forzadas a definirse a través del sufrimiento, la persecución y la opresión del indocumentado. La luz brillante de la Palabra de Dios ilumina la oscuridad del sufrimiento inmigrante. Ofrezcamos hospitalidad y demos la bienvenida a la Luz en nuestras comunidades, en nuestras iglesias, en nuestros hogares, y en nuestra humanidad. |
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