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BOLETIN: INVIERNO NUMERO DE 2005

LA VIDA ES DIFICIL EN LOS DOS LADOS

POR: JULIE BALTZY

Guadalupe Hernández se acerca a la puerta de la oficina llorando. Su esposo, Carlos, acaba de dejar la casa después de golpearla, llevándose todo el dinero que tenían sin dejar nada ni para ella ni para los niños. “No es la primera vez,” me dice. Durante los siete años que lleva con él, se ha establecido una costumbre: las discusiones acaban en un acto de violencia contra ella; Carlos se marcha llevándose todo el dinero, a veces sin volver por meses. Pero ya no puede seguir así, dice Lupe. Es la última vez. Ella ha resuelto vivir sin él, pero ahora tiene miedo de no poder sobrevivir en El Paso como madre soltera, sin documentos y con cuatro hijos.

Después de cruzar el Río Grande nadando, y de caminar a través de las montañas desde Juárez hasta El Paso con su esposo y sus dos hijos más pequeños de 3 y 1 año y medio, varias experiencias han hecho que Lupe reconsidere sus planes de establecerse en este lado de la frontera. Llena de sueños grandiosos por las historias que había oído contar a sus amistades de cómo es mas fácil vivir en los Estados Unidos, Lupe no estaba preparada para las complicaciones que resultan al vivir en una ciudad fronteriza como El Paso, sin tener documentos y con una vida familiar ya con problemas. “Tengo miedo de dejar la casa para trabajar,” me dice. “La Patrulla Fronteriza está por todos lados y podría mandarme de vuelta en cualquier momento.”

Al principio, el plan era que ella y su marido iban a ahorrar dinero para un apartamento en El Paso, y después inscribir a los niños en la escuela pública. Pero todo cambió cuando su esposo la golpeó otra vez, y se encontró sola. Como en otras ocasiones durante su viaje, donde tenía que tener esperanza en el futuro, quería creer que su marido iba a cambiar cuando cruzaran a los Estados Unidos y el empezara a trabajar con regularidad. Puede ser que algo cambiase al principio con la novedad, pero después se vió decepcionada. “La realidad,” me dice ella, “es que le amo mucho. Me duele hacer esto, vivir sin el, pero sé que es tiempo de dejarle, de que se vaya.”

Sin tener todavía los 21 años de edad, Lupe es madre de tres niños menores de 10 años. En unos pocos meses tendrá su cuarto hijo. Conoció a su esposo cuando tenia solo 13 años, y a los 14 ya tuvo su primer bebe. Desde entonces la vida familiar, el matrimonio y los hijos han sido una lucha constante. Me dice que la crianza de los niños en México es muy cara, y que conseguir un trabajo cuando se esta embarazada es casi imposible porque “nadie quiere dar trabajo a una mujer en ese estado.” Aunque las circunstancias de la vida han hecho muy difícil para ella ser independiente, ella sabe muy bien lo que es sentirse sola luchando para cubrir las necesidades de la familia con muy pocos recursos.

Para aliviarse del segundo bebé, Lupe tuvo que cruzar sola el puente desde Juárez cuando empezó a sentir los primeros dolores de parto, pasando por las autoridades usando el pasaporte de una amiga suya que se lo había prestado a cambio de pagar 100. dólares Lupe se sonríe al ver mi cara de susto cuando me cuenta esta historia, sabiendo lo que podría haber pasado, pero ha asimilado este hecho en su conciencia simplemente como algo que tenia que hacer.

Cuando le pregunto porque se arriesgó a cruzar ilegalmente solo para aliviarse y después volverse a México, Lupe me dice que realmente es mas caro tener el bebé en Juárez, donde incluso hasta el hospital mas barato cuesta 600 dólares y la familia tiene que tener el dinero de inmediato. Si la familia no lo tiene, el bebé tiene que quedarse en el hospital hasta que paguen. Eso le pasó a ella con su tercer bebé. Su esposo no estaba trabajando en ese tiempo así que Lupe no pudo llevarse el bebé a casa hasta que su madre empeñó su carro para poder pagar.

Estando ahora en los Estados Unidos, Lupe podrá aliviarse y llevarse el bebé a casa, aunque no tenga dinero. Sin embargo, todavía esta tratando de prepararse y tener los 300 dólares de depósito. Después de estar trabajando limpiando casas en El Paso, donde le pagaban solamente 20 dólares por nueve horas de trabajo, Lupe ha decidido tomar las riendas. Ahora compra cajas de dulces al mayoreo y los vende en las calles quedándose así con los beneficios. Esto es lo que me explica cuando le pregunto como va a conseguir reunir los 300 dólares para el hospital. Y se sonríe cuando otros miembros del grupo le dicen que buena es para los negocios. Otra de ellas, Perla, comenta que también le gustaría empezar su propio negocio cuando tenga su propio apartamento, haciendo burritos que Lupe podría vender.

Después de que Lupe se alivie, regresará a México donde empezará la próxima etapa de su vida sin su esposo. Su madre cuidará de los niños mientras que ella trabaja. “Cuando Carlos trabajaba,” me dice, “me daba el dinero que ganaba para comprar comida y pañales para los niños. Pero si teníamos una pelea, él se llevaba todo el dinero y se lo gastaba en bebida y drogas.” Incluso cuando ella no estaba embarazada, y podía trabajar regularmente, su marido interfería en su trabajo. Por un tiempo, ella estaba trabajando como asistente en la oficina de un dentista en Juárez, pero a su marido no le gustaba que estuviera trabajando para un hombre. Le hizo escenas en su trabajo poniéndose celoso, e hizo imposible que ella pudiera seguir trabajando. A pesar de cómo se portó su esposo, su jefe y ella continúan en buenos términos y la ha dicho que cuando quiera puede volver a tener su trabajo. Lupe esta deseando poder trabajar, esta vez sin interferencias.

Con su madre cuidando a los niños, un trabajo seguro, y la esperanza de no tener que lidiar con el esposo, quizás la vida sea un poco más fácil para Lupe cuando regrese a México. Pero aún sabiendo lo que ya sabe, todavía quiere volver a vivir en los Estados Unidos en un futuro. Le preocupa que sus hijos crezcan en una ciudad tan peligrosa como Juárez. Especialmente le preocupa que sus hijos se metan en pandillas. Y le preocupa su educación. Una vez que lleguen a la secundaria, la educación se hace más cara y Lupe sabe que necesitará la ayuda de sus hijos para poder sustentar a la familia. No esta segura de poder pagar por los estudios de la prepa si se queda en México, y mucho menos en tener para estudios más avanzados. Carlos y ella solo acabaron la secundaria y la primaria respectivamente.

Cuando cruze el puente la próxima vez, Lupe dice que quiere ir a Chicago donde tiene familia y no tendría que preocuparse tanto por la Patrulla Fronteriza. Casi estoy a punto de preguntarla como va a cruzar la próxima vez, pero sé que no tiene preparada la respuesta. Como para todo, ella vive la vida de día en día, utilizando hasta el máximo todos los recursos posibles con la esperanza de cubrir así las necesidades básicas de la familia.

Yo veo todo lo que Lupe ha hecho por sí misma en los pocos meses que ha estado viviendo en la Casa Anunciación. Ha encontrado quien cuide de sus hijos, y la manera de ganar dinero en esta parte de la frontera donde los sueldos son tan vergonzosamente bajos, y ha dejado a un marido que la abusaba. Yo quiero tener esperanza. Quiero contar una historia que muestre como la fortaleza y la imaginación puede vencer todos los problemas, pero lo dudo. Veo en la lucha de nuestros huéspedes que no todas las injusticias se pueden vencer por mucha voluntad que se tenga. Lupe ha llegado a conseguir cubrir sus necesidades partiendo de prácticamente nada, y yo todavía trato de imaginarme lo que haría si hubiese nacido en el lado de Juárez. ¿Sería yo una de estas personas valerosas, llevadas por la necesidad a arriesgarme a pasar hambre y sed en el desierto, a ser encarcelada y deportada, ó a vivir una vida clandestina con la esperanza de poder dar a mis hijos una educación, ó simplemente una comida nutritiva en la mesa? “Son como la noche y el día,” me dice Lupe. Juárez y El Paso están solo separadas por un rió y un puente pequeño, pero aun así, son dos mundos diferentes.”